01/10/2018
“Queremos aumentar en SEPLA la representación de las compañías más pequeñas”
Entrevista a Cristina Aguirre, vicetesorera de SEPLA y presidenta de la AEP

Rodrigo Echevarría – Departamento de Comunicación SEPLA

Ha llegado a SEPLA “volando alto”. Vicetesorera de SEPLA, colaboradora de Aviadoras, y de ellas Vuelan Alto y, ahora, Presidenta de la Asociación Española de Pilotos. Cristina Aguirre ejerce tres cargos que exigen una dedicación diaria: su trabajo de comandante de Vueling –una compañía que lleva al límite la productividad de sus tripulaciones-, sus cargos en SEPLA y la AEP y su labor de madre.

A pesar del ajetreo cotidiano de su vida, no dudó en animarse a entrar en SEPLA. “Soy piloto de Vueling. Nosotros lo hemos pasado peor y la vida(vía? , no entiendo muy bien lo de vida) sindical nos hacía mucha falta, no la sentíamos cerca. Mi intención es aportar esa visión y ayudar a dar más representación y recursos a las compañías más pequeñas”

Cristina Aguirre es Comandante de A320 de Vueling, donde entró en 2012, año en que echó el cierre su anterior compañía, Spanair. Su trayectoria profesional se remonta a los inicios de la década de los 90, cuando se sacó la licencia de vuelo en Estados Unidos, concretamente en el Flight Safety International en Florida. Madre de una niña de tres años, Cristina asegura que a su hija todavía no le ha dado tiempo a asimilar que su madre es piloto, pero que tarde o temprano acabará acostumbrándose. Casi todos sus días libres los dedica al Sindicato y a intentar aportar toda su experiencia obtenida años atrás.

Como la gran mayoría de pilotos en la actualidad, Cristina se sintió atraída por la profesión desde muy pequeñita. Su padre era piloto de Iberia, y a ella le entusiasmaba la idea de poder trabajar en un futuro de lo que estaba trabajando su padre. “No me he planteado hacer otra cosa”, afirma rotunda. El camino, aun teniéndolo claro, se encontró con una dificultad muy extendida en la época: la convalidación de licencias. Con ella en la mano, Cristina volvió de Estados Unidos a España, donde tuvo que volver a “coger temario, libros y leer asignatura a asignatura”. En total, cuatro años más para que su licencia estadounidense la habilitara para volar también en España, un país donde “prima la teoría por encima de la práctica”.

Tras varios periplos por Nicaragua y Venezuela, Cristina volvió a Estados Unidos para compaginar su carrera en “Professional Aeronautics” con un trabajo como instructora que le permitió terminar de convalidar las prácticas. Por fin, casi terminada la década, consiguió volver a España y besar el santo. “Primera compañía a la que apliqué, entré”, rememora. Esa compañía, hoy extinguida, fue uno de los últimos reductos españoles de la “aviación antigua”. Una aviación donde se buscaba la rentabilidad sin perder la humanidad. Donde “nos cuidaban, nos respetaban”. Esa compañía, de la que todos sus ex empleados hablan maravillas, es Spanair.

Y es que Cristina representa a la perfección la Generación X de la aviación. Aquella que empezó a volar en la época de gloria y que ha vivido y experimentado de primera mano la transformación del sector, primero por los atentados del 11-S y posteriormente por la irrupción y conquista del mercado de las compañías low cost. Ahora, ella misma admite trabajar en una compañía, Vueling, “donde la calidad de vida es muy mejorable”.

- ¿Y te sigue pareciendo una profesión atractiva?
- A ver, si te gusta volar, lo vas a seguir haciendo. Nuestra profesión es vocacional, y a mí lo que me gusta es la sensación que me produce volar. Es algo diferente cada día, es divertido, tiene adrenalina y… ¡las mejores vistas desde una oficina! Para mí es una pasada cada vez que sobrevuelo Los Alpes.

Nueva presidenta de la AEP

Cristina decidió comenzar su andadura en SEPLA tras la oferta de un proyecto de cambio con un equipo de gran valía, “con un hambre de trabajar y modernizar el Sindicato indiscutible” y en quienes confiaba y confía plenamente. Al cargo de vicetesorera de SEPLA hay que añadir su reciente elección de Presidenta de la AEP, la Asociación Española de Pilotos. “La asociación –cuenta Cristina- existe para cubrir aspectos relacionados con los pilotos que SEPLA, como sindicato dedicado a la negociación colectiva, no puede alcanzar.

La labor de Cristina al frente de la AEP pretende seguir la línea trazada por sus antecesores: potenciar los dos programas estrella de la AEP, VIA y CIRP, y seguir apostando por los cursos de formación como parte del desarrollo profesional de los pilotos. “La AEP se ha desarrollado también a través de cursos como el de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil que realizamos con la Universidad Politécnica de Madrid, donde seguiremos aportando ponentes. Pretendemos que todo lo que pueda aportar a la sociedad nuestra experiencia profesional se canalice a través de la AEP en estrecha colaboración con los otros actores como son SEPLA y COPAC”.

Lo que es evidente es que su bicefalia le está llevando más horas de trabajo de las que esperaba inicialmente. “Cuando entré, sabía que iba a ser complicado, pero no pensé que el trabajo fuera tan inmenso. Creo que SEPLA necesitaría más colaboradores de entre los propios pilotos”.

Un reto que ella quiere trasladar a su propia compañía, Vueling, donde la cultura sindical es aún muy inmadura. “¿Cuántos pilotos de Vueling se pasan por las oficinas de SEPLA para informarse?” lamenta Cristina de manera retórica. “Muchos pilotos siguen pensando que SEPLA no vale para nada. Nos lo dicen en las cabinas”.

¿Y qué se encuentra un piloto poco acostumbrado a la vida sindical una vez entra en ella de lleno? “Mucho trabajo, mucho aprendizaje” nos cuenta. “Estoy aprendiendo muchísimas cosas interesantísimas: los drones, el papel de SEPLA en las instituciones internacionales, su capacidad de influencia, vital ahora que estamos en plena transformación transnacional… Me parece todo muy interesante”.

Conciliando profesión, sindicato y familia

A pesar de sus propias dudas en cuanto a su capacidad de organizarse el tiempo, Cristina compagina trabajo, sindicato y familia con total solvencia, gracias en gran parte a su jornada reducida en Vueling. Ella misma confía en su capacidad como mujer para aportar una visión diferente a la directiva de SEPLA. No en vano, es la primera vez en la historia del sindicato en la que hay mujeres en la Mesa Rectora. Comparte la labor de tesorería del sindicato con su compañera, Ana Pedraza, piloto de Iberia.

- ¿Cómo te organizas?
- Como puedo, a base de trabajo y trabajo. Prácticamente todos mis días libres los dedico a SEPLA, a aprender y a intentar aportar todo lo que mis años de trabajo anteriores me han enseñado. También tengo el tiempo de la reducción de jornada que mientras mi hija está en el cole lo puedo dedicar a trabajar. Intento organizarme para no descuidar tampoco a mi familia.

Cristina no valora el papel de la mujer en la aviación desde una perspectiva victimista. “Realmente no hay diferencias ni de tipos de contrato ni de oportunidades. Las dificultades son las mismas para un hombre que para una mujer. Lo que sí hay es un problema cultural y de roles. Muchas veces somos nosotras mismas las que nos autoconvencemos de que una madre es una madre. Además, hay un problema de falta de visibilidad, hay que hacer ver a la sociedad que esta también es una profesión para mujeres. En Aviadoras este es nuestro principal objetivo”.

Con una hija de tres años, Cristina reconoce que su profesión ha sido el principal impedimento para adelantar su maternidad. “He sido madre tarde. Esta es una profesión difícil de llevar, también en pareja. No todos entienden un trabajo en el que pasas tantas horas fuera de casa”.

Quizás sea ese uno de los motivos de que la presencia femenina entre los pilotos siga siendo tan escasa. Apenas llega al 4 por ciento en una profesión que a veces parece plantear incompatibilidad entre maternidad y desarrollo profesional. Cristina, que comparte reducción de jornada junto a su marido, no juzga esta elección. La apoyaría, pero siempre explicando bien los pros y los contras de la profesión”. Lo que sí espera, cuando sea mayor, es que “reconozca el esfuerzo” hecho por su madre. Cristina, con cuatro trabajos a la vez, lo practica a diario.

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