Diario de a bordo

26/10/2017
Alumnas que son maestros
Va por ti, Isidoro Majano (Carta a una leyenda de la instrucción).


Alba C. - Piloto de helicóptero

Era finales del 2008 cuando un día, visitando a Nuria Anguera, excelente piloto mujer, madre, con su helicóptero en el hangar de su casa haciendo fumigación, me recomendó buscar donde estuviera al mejor instructor de España y aprender a volar con él.


Y fui a buscarle a una escuela de aviación en Cuatro Vientos. Quería saber si antes de gastarme todo ese dineral en una carrera con un futuro incierto, al menos tenía cualidades para volar.


Galán y elegante en su planta, cuando nos presentamos y le hice partícipe de mis inquietudes, soltó una amplia sonrisa y me dijo:
- ¡Claro, mujer! ¡Claro que vales para volar! Volarás bien, tienes mano.
- Pero, ¿cómo lo sabes? – le pregunté
- Por cómo caminas. Se ve en el andar… Montas a caballo, ¿no? Pues es lo mismo llevar el cíclico, que las riendas suaves de la boca de un caballo.


Me impresionaron la imponente seguridad y confianza en sí mismo que transmitía, su ojo clínico y la valiente y elegante despreocupación en su manera de comportarse.


Creí a pies juntillas lo que me dijo, y cuando hicimos el primer vuelo, me enamoró ese estacionario y versatilidad del helicóptero.


Desde el principio, luché por dar clases con él siempre que tuve ocasión en la escuela, consciente del privilegio de volar con el mejor instructor, siempre demandado y ocupado porque todos queríamos volar con él.


Aprendía intensamente en minutos y horas lecciones que me han salvado la vida. He tardado años de posterior experiencia para asimilar el gran conocimiento y maestría que aquel hombre me inoculó en ese breve pero intenso período de aprendizaje.


Despegues y aterrizajes con mínima potencia, vuelos de montaña con fuertes vientos, aterrizajes en la nieve, poner la punta del patín sobre una caseta en medio de un lago, autorrotaciones, cables, emergencias, etc… y las historias con las que te va amenizando, compartiendo su ingente experiencia y haciendo de la instrucción un viaje iniciático y divertido al tiempo.


Lo que aprendía con él a marchas forzadas estaba a años luz de mi nivel de comprensión de aquel momento. Cuando te gradúas de piloto crees que sabes mucho, pero es la posterior experiencia la que te cuaja profesionalmente. Y él, para mí, tiene el arte de sembrar las lecciones vitales que te salvarán en el día de mañana, sin que seas ni siquiera consciente de ello. 

Bendigo la huella que dejó en mi vida y en mi carrera, porque me he acordado de él siempre, en cada uno de los diferentes entornos en los que he volado, sobre todo en los más hostiles. El aura de su saber me ha acompañado en las circunstancias de vuelo más complicadas, aflorando súbitamente las lecciones sembradas en el inconsciente y en la memoria muscular. 

Le he mencionado a menudo como carta de presentación en mi curriculum, orgullosa de haber sido enseñada por él, de haber aprendido a volar con él, pero sobre todo, el regalo de haberle conocido es íntimo y personal, y ha sido un honor haber podido aprender un poquito de ese gran maestro al que admiro, quiero y le debo mucho en mi carrera. 

Ahora, volando SkyCrane por los 5 continentes, y después de años en Oil&Gas, selva, desierto, montaña, le rindo homenaje al gran Isidoro Majano, y le agradezco todo lo aprendido y vivido con él. Su figura es insustituible, y su impronta es omnipresente en las vidas profesionales de los miles de alumnos que han pasado por sus manos. 

Es una pena que los que más sabéis os acabéis yendo, pero al menos, tú te irás por viejo, no por bravo, y todavía te queda mucha vida por disfrutar. 

Gracias de todo corazón, Isi.



Homenaje a Isidoro Majano


Nuria Anguera - Comandante Hems hospital Clínico de Málaga

 


Escuché por primera vez las palabras “cíclico” y “colectivo” en una cabina de helicóptero de boca de Isidoro Majano. Corría 1995 y acababa de comenzar un curso de piloto comercial IFR de helicópteros. Año y medio después tenía la licencia en la mano, pero Isidoro Majano nunca se ha bajado de mi cockpit.


Isidoro era un instructor duro. Enseñar a volar un helicóptero en 150 horas lo exige. El primer día: “el cuadro”, aquello parecía un cascarón de nuez en una tormenta, “no sobre mandes”, después aproximaciones; normales, tendidas, y profundas “ si mantienes la zona de toma en un punto fijo, vas bien” despegues en varios perfiles “las lanitas no van centradas, pie derecho”; los circuitos en Cuatro Vientos eran una locura, “en el viraje, o das más paso o pierdes altura o pierdes velocidad”, las áreas confinadas; “no te quedes colgada encima de los árboles” mis clases favoritas eran los vuelos de montaña en la Sierra de Madrid y el Escorial,” pasada alta, comprueba potencia, pasada baja” allí intuía que mi profesión me iba a enamorar, por fin pasamos por “…la piedra” un hito para todos sus alumnos, “¿de dónde viene el viento?,” Cuando las cosas iban cuadrando empezábamos con las emergencias ; “Parada de motor; el flare no te olvides del flare antes de iniciar la autorrotación”, Sin darnos ni cuenta del Robinson pasamos al Hughes 500, “Atenta a la TOT en el arranque” y el instrumental “, la velocidad es una actitud de morro, el régimen de descenso o ascenso lo da el colectivo”…


El curso pasó como un rayo entre libros, palas, vuelos, amigos y rotores. Isidoro Majano se bajó de mi helicóptero pero nunca se ha bajado de mi cockpit: al verano siguiente, haciendo fotografía con un Robinson 22 le oía más claramente que durante sus clases: “no te quedes colgada encima de los árboles, si mantienes la zona de toma en un punto fijo, vas bien, no sobre mandes, “¿de dónde viene el viento?” Han pasado veinte años y todavía le oigo cada vez que estoy a los mandos, sin embargo no siempre le escucho y me he quedado colgada encima de los árboles demasiadas veces, cuando me doy cuenta todavía pienso: “si me viese Majano, la bronca que me echaría”.

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