Diario de a bordo

04/08/2017
Historia de la mujer en la aviación española: 1. Antecedentes
Primera entrega de una serie de artículos que repasa la historia de la mujer en la aviación española.

Cecilio Yusta Viñas
Piloto de Transportes de Iberia (jubilado)
Miembro de número del Instituto de Historia y Cultura Aeronáuticas (EA)

Muchos profesionales disponen de algún referente histórico relacionado con su profesión, Platón, Aristóteles, Galileo Galilei, Pitágoras, Maquiavelo, etc. Un caso paradigmático es el de los profesionales dedicados a la práctica de la medicina con su Hipócrates, cuyo juramento compromete y está presente en todos los actos médicos.

Cuando se habla de los pilotos de aeroplano se suele recurrir al mito de Ícaro (que no es precisamente el más apropiado) como antecedente más lejano pero que se utiliza como una aportación culta y elegante aplicable al caso del piloto tradicional, es decir, el varón. Lamentablemente, en el caso de las mujeres no existe una referencia tan adecuada y sólo en el terreno literario de las fábulas y los cuentos se cita a la mujer en el rol perverso de la bruja que vuela montada en una escoba, un dato tan despectivo como sintomático.

 



Los primeros casos de mujeres que se elevaron por los aires hay que buscarlos en los más ligeros que el aire, concretamente en Francia que fue donde se había inventado el globo y donde surgieron las pioneras. Está generalmente admitido que la primera mujer que voló fue Mme. Thible acompañando al aeronauta Fleurant en un globo Montgolfier el día 4 de junio de 1784 en Lyon, y que la primera mujer que voló sola en globo libre fue Madeleine Sophie en el año 1805. La primera víctima, también francesa, fue Mme. Blanchart que se mató en París el 6 de julio de 1819.

Posteriormente y hasta la aparición del aeroplano la presencia de las mujeres que han volado en globo como pilotos ha sido, en relación con el hombre, proporcionalmente escasa y limitada al ámbito deportivo. No se tienen noticias de que Napoleón empleara mujeres en los conflictos bélicos en los que utilizó los globos con fines militares, ni se han conocido mujeres en los batallones de aerostación castrense de los distintos países, sin embargo las mujeres se las arreglaron para volar y pilotar globos organizándose en sociedades deportivas, de las cuales la más importante ha sido el Aeroclub Femenino Stella, fundado en 1898 al amparo del Aeroclub de Francia.

La moda del vuelo en globo llegó a España de la mano de los aerosteros franceses. Algunos de ellos volaron acompañados de sus esposas pero hubo mujeres que vinieron solas y que realizaron exhibiciones, o lo intentaron, principalmente en Barcelona y Madrid. La primera, Elise Garnerín, sobrina del famoso aeronauta André Jacques Garnerin que había sido el primero en utilizar el paracaídas asociado al globo en Paris el año 1797, dejó constancia de su paso por Madrid al solicitar permiso al Rey para realizar vuelos de exhibición sobre la capital. Presentada como la Venus Aerostática y paracaidista, el mes de marzo de 1818 pidió permiso a Palacio para efectuar ante los habitantes de la Corte ascensiones aerostáticas y descenso en globo paracaídas en el Buen Retiro. El informe negativo del jardinero mayor, que temía por lo plantíos, originó varios aplazamientos hasta el día 11 de mayo en el que, con el Retiro lleno de madrileños, la exhibición se suspendió por falta de gas, lo que originó graves protestas y, como temía el jardinero mayor, enormes destrozos en los jardines.

 

Elise GarderínElise Garderín



La segunda fue la esposa de Arban, un aeronauta francés que volaba acompañado de su señora. El matrimonio Arban voló en Barcelona el mes de noviembre de 1849 realizando vuelos tres días consecutivos y utilizando la Plaza de Toros como rampa de lanzamiento, un hecho que permitía a los organizadores de los festejos controlar el acceso del público y cobrar la correspondiente entrada. El tercer día, después de varios intentos fallidos el aeronauta dejó a su esposa en tierra y se elevó rumbo al mar, lo que dio origen a la viudedad de la señora Arban porque su marido desapareció para siempre.

Louise Goujon, viuda de Poitevin, fue una gran aeronauta con más de quinientas ascensiones en las principales ciudades europeas. Los meses de julio y agosto del año 1866 realizó varios vuelos en Barcelona utilizando la Plaza de Toros como escenario para el despegue. Esta señora amenizaba sus vuelos dando un espectáculo casi circense, como estibar un burro en la barquilla y realizar la ascensión montada en sus lomos, entre otras ocurrencias. Su último vuelo en Barcelona terminó precipitándose al mar, de donde fue rescatada in extremis cuando ya anochecía. Poco después, en el mes de noviembre, mostró sus habilidades en Madrid, despegando desde los jardines del Buen Retiro y aterrizando en Leganés y en el barrio de Chamberí.

La primera ascensión de una mujer española se produjo el 27 de junio de 1889 y su protagonista fue S.M. la Reina Regente María Cristina Habsburgo. La prensa de la época destacó el acontecimiento, como era habitual, en términos muy elogiosos registrándose algunos excesos narrativos como el de citar a la “muchedumbre que aclamaba a S.M.” y sendos dibujos publicados en La Ilustración en ese mismo sentido. La realidad es que el día 27 era jueves laborable, la Reina se presentó sin avisar en una Casa de Campo que por aquella época no estaba abierta al público, por lo que era prácticamente imposible que una muchedumbre la estuviera esperando para vitorearla.

 

 

Reina Regente

 

Ocurrió simplemente que la Reina, enterada de que se estaban realizando unas prácticas con globo cautivo del tipo Yon tuvo la idea de acercase a presenciar las maniobras y, una vez allí, expresó su deseo de volar. El coronel Ayllón asumió la responsabilidad de acceder a los deseos de la Soberana ascendiendo, sin novedad, con Ella en la barquilla hasta los 300 metros, momento en el que los soldados y acompañantes de la Reina allí presentes aplaudieron a S.M. Una versión correcta y mesurada de este episodio se encuentra en el Memorial de Ingenieros del mes de julio de 1889.

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