Diario de a bordo

14/06/2018
La acrobacia ni es para hombres ni es para ricos, es para “acrotrastornados”
“Bailar. Bailar sin ningún límite con el avión. Jugar con el mundo poniéndolo al revés, con la física, y sobre todo, sentirte libre”.

Laura Crespo – Piloto acrobático, coordinadora del equipo español Red Bull Air Race

Así es la acrobacia, o al menos así la percibimos los locos de ella.

Con 17 años asistí a la que entonces era una de las más famosas e importantes competiciones acrobáticas en España, la Copa Triangular de Vuelo Acrobático. Si bien ya estaba familiarizada con la acrobacia, nunca, no al menos desde que tengo uso de razón, había presenciado una competición. Aquellos aviones desafiando a la gravedad, enlazando figuras con tanta precisión, mostrándonos unas coreografías donde piloto y avión eran, y tenían que ser, uno. Simplemente supe que yo quería hacer eso.

Con 22 años por fin hice mi primer vuelo “de piruetas” y cuando me bajé, mi padre, veterano de la aviación y la acrobacia, se me quedó mirando con una expresión un tanto rara y me dijo: “lo peor que te podía haber pasado, te ha pasado. Ya te ha picado”. La verdad que sentía que quería más, pero tampoco entendí al 100% en aquel momento el mensaje, y la irrefutable verdad que había detrás de esa frase. Seguí haciendo vuelos sueltos cuando podía permitírmelo, con diferentes aviones y diferentes pilotos, adquiriendo poco a poco nociones básicas. Y llegó el día. Con 28 años recién cumplidos, en el 2017, después de más de 10 años de luchar por ello, pude participar en mi primera competición acrobática, el Campeonato de España de Acrobacia Aérea. Y aunque mis expectativas eran nulas, supongo que las ganas y haber ansiado ese momento durante tanto tiempo, fue lo que me hizo poder subir al podium.

 

 

 

 

España no se caracteriza precisamente por tener una cultura aeronáutica muy arraigada como sí ocurre en países tales como Francia, Inglaterra o Estados Unidos. No se enseña a apreciar y respetar este sector. No se inculca el valor que tiene ni el papel tan fundamental que ha jugado desde sus inicios no solo a nivel civil sino militar, y mucho menos se invierte en el mismo en lo que a su promoción se refiere.

¿Cuál es el problema que de esto se deriva? La completa ignorancia (involuntaria) del fácil acceso a este mundo y lo apasionante de él. ¿Cómo puede ser que a día de hoy aún un gran número de personas desconozcan que cualquiera que cumpla con unos requisitos médicos puede acceder a una licencia de vuelo? ¿Cómo es posible que no haya conciencia de las opciones y diferentes variables dentro del área de la aviación? Fácil: hablamos de un país donde por alguna razón que aún no logro comprender, priman otros intereses que bien cabe decir, no han aportado nada a la evolución de la historia no sólo de España sino a nivel mundial.

Pero el problema no acaba ahí. Actualmente, y tras el primer vuelo realizado por una mujer, Raymonde de la Roche, en 1910 y la primera licencia emitida en España con una mujer como titular, Maria Bernaldo de Quirós en 1928, aún el número de mujeres piloto es muy inferior al de los hombres. En ocasiones, aún se siguen dibujando rostros de sorpresa y hasta cabe decir de admiración cuando cae en conocimiento de un hombre (y a veces incluso entre nosotras) el hecho de que una mujer esté sentada a los mandos de un avión. ¿Será que la sociedad nos inculca qué profesiones o actividades corresponden a cada género? No he podido llegar a entenderlo nunca, y no creo que llegue a hacerlo.

Y aún puedo ir más lejos. Año 2018, sólo dos mujeres en España en vuelo acrobático. Sólo dos mujeres de entre más de 23 millones y medio, representamos a nuestro país en este deporte, que podríamos, y también debemos, calificar de profesión. Ignoro si la necesidad de no sólo separar los pies del suelo, sino de ponerlo “patas pa’ arriba”, es algo innato en cada uno de los “locos” (como así nos llaman) de este mundo; si es algo que va naciendo poco a poco, o si es algo que aparece sin más, pero lo que puedo afirmar sin miedo a equivocarme, es que la acrobacia es la droga más benévola, emocionante, instructiva y más bonita que el ser humano ha podido descubrir.

Probablemente, y llegados a este punto del artículo, más de uno se estará preguntando ¿y para qué me sirve a mí hacer acrobacia? ¿Qué me aportará, qué ganaré? Veamos… no me quedan líneas suficientes para explicarlo todo, así que lo resumiré en dos puntos: primero: si ya eres piloto, la acrobacia es básicamente un seguro de vida. La acrobacia te enseña dónde están los límites, te enseña a salir de las situaciones que, si bien no tienen por qué darse, son foco de los accidentes más comunes en aviación simplemente por desconocimiento. La acrobacia es disciplina, es respeto. Te enseña a sentir, reconocer, y actuar.

Segundo: si no eres piloto, la acrobacia te hará querer hacerte piloto.

Volar es mucho más que subirte ahí arriba. Es un sentimiento, es una necesidad. “Andar” por el aire y disfrutar del mundo desde una perspectiva de la que no puedes escapar.

Una vez un sabio llamado Leonardo da Vinci dijo: “Una vez hayas probado el vuelo, siempre caminarás por la Tierra con la vista mirando al Cielo, porque ya has estado allí y allí siempre desearás volver”.

 

 

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