Diario de a bordo

27/07/2017
Las mujeres que lo hicieron posible
Un repaso a la historia de las pioneras de la aviación

Felipe Laorden Cantero - Piloto de largo radio y Manager de Seguridad Operacional Iberia. Exprofesor de Historia de la Aviación, Universidad CEU San Pablo.

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. No me gustan los “días internacionales” de asuntos que no considero extraordinarios, en 1910 lo era, hoy no. Pero en ese caso hago una excepción, celebro que ese mismo 8 de marzo de 1910, una mujer conseguía la primera licencia de piloto. Antes de cumplirse una década del primer vuelo, una mujer valiente iniciaba lo que a duras penas llegó a ser normal. Élise abrió el camino a muchas mujeres que hubieron de luchar a partes iguales contra la gravedad y contra una sociedad intolerante para cumplir con su sueño de volar.

Élise Léontine Deroche es la primera de una serie de aviadoras que me gustaría recordar. Esta actriz francesa cambió su destino con 23 años al volar en una aeronave de Charles Voisin el 22 de octubre de 1909. Si bien Voisin la prohibió intentar el vuelo, despegó elevándose y manejando con precisión la aeronave y su sitio en la Historia.

El 8 de marzo, consiguió la licencia nº 36 de la Fédération Aéronautique Internationale, por lo que Raymonde de Laroche, su nombre artístico, se convirtió en la primera mujer del mundo en recibir la licencia de piloto. La revista Flight añadió por error el título de baronesa cuando escribió sobre su primer vuelo, por lo que se la conoce como la “Baronesa de Laroche”.

Élise participó en exhibiciones aéreas hasta que el 8 de julio, día en el que se produjo graves lesiones al estrellarse con su avión. No cejó en su empeño y el 25 de noviembre de 1913 ganó la Coupe Femina del Aéro-Club de France por un vuelo de larga distancia sin paradas de más de cuatro horas de duración, en junio de 1919 consiguió dos récords para una aviadora, uno de altitud a 4.800 m y otro de distancia, de 323 km.

Un mes después, el 18 de julio, falleció al estrellarse mientras realizaba el vuelo que la convertiría en la primera mujer piloto de pruebas.

Si bien Elise fue la primera licencia de vuelo, no fue la primera mujer en volar, ya que existen pruebas de que Therése Peltier fue la primera en lograrlo. Esta escultora francesa se aficionó a volar junto a su amigo Leon Delagrange, realizado el primer vuelo como pasajera en julio de 1908. Ese mismo año en un viaje a Italia se sabe con seguridad que tomó los mandos, pero no se conoce la fecha exacta. Therése abandonó pronto la aviación tras morir León el 4 de enero de 1910 al estrellarse su avión.

Otra aviadora que marcó los comienzos de la aviación, fue Hélène Dutrieu. Al igual que los hermanos Wright o Curtiss procedía del mundo de la bicicleta, habiendo sido una gran campeona de ciclismo y piloto de coches de carreras.


Esta intrépida belga de 33 años cambió la conducción de motos y coches de carreras en 1908 cuando la fábrica Clément Bayard la convenció para que se convirtiese en la primera piloto de su nuevo aeroplano, diseñado por Santos-Dumont y denominado no.19 Demoiselle.

Aunque en su primer vuelo se estrelló no se rindió, y el 19 de abril de 1910 fue la primera mujer que transportó a un pasajero en un avión. El 25 de noviembre de ese mismo año se convirtió en la cuarta mujer del mundo y la primera belga a la cual se le otorgaba una licencia de piloto de aeroplano al conseguir la licencia No 27 del Aéro-Club de Belgique.

Su trayectoria como aviadora fue increíble hasta su fallecimiento con 83 años. Participó en shows bajo el el apodo de la "Joven halcón", voló sin paradas desde Ostende a Brujas, fue la primera mujer piloto que permaneció en el aire por más de una hora y fue la primera ganadora de la Coupe Femina por un vuelo sin paradas de 167 km en 2 horas y 35 minutos.

Compitió venciendo a hombres y mujeres en varias competiciones a lo largo de su vida y fue la primera mujer en pilotar un hidroavión. En 1913 se convirtió en la primera mujer aviadora en ser distinguida con la Legión de Honor.

Estas tres mujeres pioneras tuvieron cumplida réplica en el mundo anglosajón con aviadoras de la talla de Harriet Quimby, Amy Johnson y, como no, Amelia Earhart.


Harriet Quimby era crítica de teatro en la revista Leslie´s en New York. Esto le permitió codearse con la jet set y conocer así al instructor de vuelo que la llevó a ser la primera americana en instruirse en vuelo en 1911, consiguiendo la primera licencia de vuelo en agosto de ese mismo año. Los artículos sobre sus experiencias de vuelo vendieron miles de revistas y la lanzaron a la fama. En 1912 convenció al London Daily Mirror para que la patrocinase para ser la primera mujer en cruzar el Canal de la Mancha tan sólo tres años después de que lo consiguiese Bleriot. El 16 de abril, fue la primera mujer en conseguirlo. Diez semanas después, Harriet perdió la vida al estrellarse con su avión en la bahía de Boston, completando su sueño en una vida corta pero muy intensa.


Siguiendo la estela de las pioneras surgió la figura de la aviadora inglesa más famosa: Amy Johnson. Esta licenciada en economía por Sheffield y nacida el mismo año que la aviación, 1903, empezó su carrera aérea en el Club de Aviación de Londres con 25 años. La curiosidad pasó a pasión y el hobby a una absoluta dedicación. Tras realizar su primer viaje en solitario, Amy se convirtió en la primera mujer británica que obtuvo el título de ingeniero y la única mujer en el mundo que lo conseguía en aquella época.


Su entrada en la historia fue épica. Tras conseguir la financiación de su padre pagó las 600 libras esterlinas que costaba una avioneta usada DH gypsy Moth, y se lanzó a un vuelo en solitario de 16 días hasta Australia logrando el record de Bert Hinkler. El hecho de ser heroína nacional y "Comandante del Imperio Británico" no la detuvo, y en 1931 marcó un nuevo record al volar desde Inglaterra hasta Japón en un Puss Moth con Jack Humphreys. Record que superó en 1936 volando desde Inglaterra hasta ciudad del Cabo en solitario a bordo de un Percival Gull.


Durante la Segunda Guerra Mundial ingresó al Air Transport Auxiliary, donde un grupo de pilotos experimentados se dedicaban a transportar aviones desde la fábrica hasta las bases de la RAF. El 5 de enero de 1945, su avión se estrellaba en el estuario del Támesis. Sus restos jamás fueron hallados, pero su recuerdo ha quedado en la memoria de todos los británicos y de los que amamos de la Aviación.

Tal vez la aviadora más conocida y carismática fue Amelia Mary Earhart Otis. Esta audaz norteamericana obtuvo la licencia de piloto de la Federación Aeronáutica Internacional a los 26 años, siendo la decimosexta mujer en recibirla.

Según sus propias palabras la picó el gusanillo de volar durante la Primera Guerra Mundial, cuando servía como enfermera a los pilotos heridos en combate. Consiguió su sueño de manos de otra aviadora y pionera Neta Snook.

En octubre de 1922 consiguió su primer récord de altitud al volar a 14 000 pies de altura y en 1927 se unió a la Asociación Aeronáutica Nacional dedicándose a la promoción la aviación, especialmente entre mujeres. Ese mismo año el Boston Globe la reconocía como una de las mejores pilotos de Estados Unidos.


El 18 de junio de 1928, en Burry Port, en el sur de Gales, completó junto a Wilmer Stultz, y Louis Gordon en el “Friendship” el primer cruce transoceánico de una aviadora, disparando su leyenda a nivel internacional.

A partir de ese momento su vida está llena de grandes logros: organizó una carrera aérea para aviadoras, la “The powder-puff derby”; fundó la organización “Las noventa y nueve”; rompió récords de velocidad para mujeres; y el 20 de mayo de 1932 se convirtió en la primera mujer en cruzar el Atlántico en solitario y la primera persona que lo hacía por segunda vez. La hazaña catapultó su figura consiguiendo la medalla dorada especial de la National Geographic Society y la Distinguished Flying Cross, otorgada por primera vez a una mujer.


Pero Amelia no se conformaba con la fama, su espíritu la llevo a volar de Hawái a California, cruzando el Pacífico, de Los Ángeles a Ciudad de México, y de allí a Nueva Jersey y por fin a intentar la vuelta al mundo. A sus 41 años partíó de Miami junto a Fred Noonan en su intento. Tras recorrer América, África, Asia y Oceanía, su alma quedo en el océano cerca de Howland, agrandando el mito de esta increíble mujer.

La lista de grandes mujeres en la Historia de la Aviación es interminable e imprescindible para los que amamos este mundo. El valor, la determinación y el sacrificio no tienen sexo, pero cuando comparto cabina con mis compañeras no puedo evitar pensar en la épica de aquellas primeras pioneras.

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