Diario de a bordo

27/07/2017
"Lo único que importa es cómo me siento cuando estoy en el avión"
Entrevista a Shaesta Waiz, responsable de la Organización Dreams Soar: Shaesta Waiz fue la primera piloto civil afgana, y ahora es la mujer más joven de la historia en recorrer el mundo a vuelo

M. Fernández / P. Arenillas de Cháves.

Todo lo que toca Shaesta lo convierte en una experiencia inolvidable, que va acumulando sin pudor a pesar de sus escasos 29 años. Shaesta Waiz, nacida en un campo de refugiados de Afganistán, rompió todos los tabúes posibles de una familia aún ligada a la tradición de su país natal. Estudió para piloto, fundó una ONG y ahora se está recorriendo el mundo con una Bonanza A36, un avión monomotor en el que confía su vida en cada etapa.


La organización que ha fundado, Dreams Soar, busca implementar su filosofía de vida en diferentes partes del mundo. El viaje que realiza Shaesta desde hace casi tres meses busca una difusión del proyecto que pretenden traducir en becas para estudiantes, especialmente chicas, que tengan difícil el acceso a una carrera STEM, nombre con el que se conoce a las carreras científicas, tecnológicas ingenierías o matemáticas.


Así, desde hace casi tres meses Shaesta se encuentra embarcada en esta apasionante aventura. Desde Florida hasta Canadá y pasando por España, en el futuro inmediato le esperan países como Egipto, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos o India. A solas con el océano que sobrevuela, busca ser ese referente que a tantas chicas falta para decidirse a perseguir su vocación y sus sueños. Precisamente es ese eslogan, el de la necesidad de perseguir los sueños, el que da nombre a la organización.


A su paso por Madrid, Shaesta agradeció enormemente la cálida acogida que recibió de Aviadoras, y nos contó qué es lo que la mueve día a día para enfrentarse sola a una empresa tan ambiciosa.


M.82. ¿Por qué decidiste hacerte piloto?


De pequeña era una niña muy tímida, con miedo a lo desconocido. Los aviones eran algo con lo que no estaba familiarizada y me aterrorizaban. Recuerdo decirle a mi madre que no quería coger un avión. Cuando me gradué, mi familia me sacó un billete de avión para ir de California a Florida. Esa fue la primera vez que afronté el miedo a volar. Me acababa de graduar, así que me sentía en la cima del mundo, con la sensación de haber hecho algo importante. Viajaba yo sola, y recuerdo pensar que el avión iba a ascender al cielo como un cohete. Pero despegó con suavidad. Fue precioso. Comenzamos a ascender, y cuando estaba en el aire, di un paso atrás y me di cuenta de que todo lo que había estudiado, todo lo que leemos sobre el mundo, sobre África o sobre Madrid, que para mí habían sido solo palabras, podían empezar a significar algo. Pensé que quizás podría volar algún día a esas ciudades y convertir esas palabras en recuerdos. Cuando aterrizamos, me di cuenta de que necesitaba saber cómo funciona un avión y cómo podía hacerme piloto. Eso es lo que me inspiró a volar.

 

M.82. Eres la primera piloto afgana de aviación comercial. ¿Te consideras un referente?


Recuerdo que durante mi etapa de entrenamiento lo pasaba muy mal. Escribí una carta al Gobierno de Afganistán pidiendo una lista de mujeres piloto en el país, y me contestaron diciendo que no había registro de ninguna mujer. Cuando leí eso, pensé que siempre tiene que haber un primero. Siempre es agradable oír el primer piloto o el primer lo que sea. Pero ese primero siempre juega un papel fundamental, porque va a experimentar cosas que otras personas no han experimentado. Y sabía que tenía que ser fuerte, sin importar lo que viniera delante, porque quería que de aquí a unos años, cuando una chica afgana decida que quiere ser piloto, sepa exactamente qué es lo que tiene que hacer, dónde ir, que no se sienta sola ni se encuentre con tantos problemas.


M.82. Háblanos de Dream Soar. ¿Qué objetivo perseguís?


Dream Soar es una organización sin ánimo de lucro. Siempre he querido trabajar en una ONG ¡pero no me imaginaba fundando una! Dream Soar significa que creas en tus sueños, no pares, trabaja duro, y sigue creyendo en tus sueños incluso cuando se ponen difíciles. Así los alcanzarás. Esta es la explicación del nombre Dream Soar, la idea de alcanzar los sueños. Uno de los principales retos a los que se enfrentan los hombres y mujeres que eligen una carrera en aviación o cualquier otra carrera relacionada con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM) es que normalmente son muy caras. El propósito de Dream Soar es tratar de inspirar a las generaciones que elijan una carrera STEM y, cuando se acabe este viaje, otorgar becas a cualquier chico que se haya inspirado en este vuelo. Este vuelo es sólo el primer proyecto de Dreams Soar. Hay muchos países que no he visitado especialmente en Sudamérica, África, Asia, Oriente Medio, adonde espero poder ir y seguir inspirando a los niños y niñas, y otorgar becas a quien lo necesite.


M.82. ¿Has encontrado dificultades para desarrollar tu profesión por el hecho de ser una mujer?


Cuando empecé a volar me preocupaba más lo que otros opinaban. Oyes muchas cosas, comentarios por todas partes Una de las cosas que he tenido que aprender es que no importa lo que opine la gente. Lo que importa es cómo me siento cuando estoy en el avión. Si me siento con confianza, segura y siento que estoy haciendo algo de lo que me siento capaz no habrá nadie que pueda cambiar eso, sobre todo a través de palabras. Y me siento una piloto competitiva. Me siento muy segura en el avión. Y lo más interesante es que el avión no sabe si soy un hombre o una mujer, si soy de Afganistán o soy de África… Es una máquina que reacciona a las habilidades de un piloto. Para mí son solo palabras cuando la gente tiene algo negativo que decir cuando cometo un error que quizás otro compañero haya podido cometer sin consecuencias. Pero al final del día, cuando estoy en el avión, no escucho estos comentarios negativos. Todo lo que escucho y veo es mi pasión por volar y eso es lo importante.


M.82. Apenas el 3% de los pilotos a nivel mundial son mujeres. ¿A crees que se debe tan escasa presencia?


Hay varios aspectos que lo explican. El primero de ellos, es que sale demasiado caro inclinarse por una carrera en la aviación. Y exige mucho: te confina en un espacio muy pequeño y estás fuera de tu zona de confort, y es realmente difícil acostumbrarse a ese espacio, especialmente cuando estás entrenando, aprendiendo algo nuevo y fuera de tu hábitat. Además es muy caro, y se ha demostrado que las mujeres somos más precavidas en temas de gastos.Por otra parte está el aspecto cultural. Yo vengo de un país del medio Oriente, y mi padre tiene seis hijas, y si mi padre hubiera tenido un hijo yo no habría llegado a ser piloto. Porque el dinero de la familia va al hijo varón, se invierte en él, y ellas no van a la escuela. Así que en algunas culturas, es una mera cuestión de tradición. El último aspecto es el modo de vida. Muchas mujeres desea formar una familia. Y es muy difícil tratar de ser madre, cuidar de un hijo y alimentarle, mientras tienes que estar tanto tiempo fuera de casa. Es más fácil para un hombre.


En definitiva, hay muchos factores que contribuyen a que no haya muchas mujeres, pero creo que el más importante es que no hay referentes femeninos para que las jóvenes puedan verlos y decir, “eso es algo que yo puedo hacer”. Hasta que no proporcionemos a las mujeres oportunidades para estar en esta industria y facilitarles sus necesidades mejor de lo que estamos haciendo, la aviación no será un campo que las jóvenes miren pensando que lo quieren y lo pueden hacer. Creo que es importante tener referentes para que las jóvenes vean y sepan que la aviación es una opción.


M.82. ¿Crees que hombres y mujeres aportan diferentes valores a la operación?


Debemos estar interesados en por qué es tan importante tener a un hombre y una mujer en cabina. Los hombres tiene una manera de pensar. Y es una buena forma de pensar. Pero las mujeres tienen otra forma de pensar. Las mujeres son más pacientes, más metódicas. En general, en caso de emergencia los hombres son más impulsivos. Cuando los juntas en este ambiente imagina las posibilidades que hay. La diversidad es esencial y sana. Y creo que los gobiernos deben intentar integrar mejor a las mujeres, porque somos diferentes y tenemos diferentes necesidades. El actual sistema está muy orientado a un sexo y necesita ser más integrador. Solo porque se lleve haciendo esto durante tanto tiempo no significa que debamos seguir haciéndolo de la misma manera. Podemos cambiar, el cambio trae el progreso. Espero verlo en el futuro.


M.82. Estas haciendo este viaje sola. ¿Qué se sientes? ¿Sientes miedo o soledad?


Es un vuelo sola. Mi último vuelo fueron casi ocho horas, sentada en el avión, mirando fuera, y viendo que no había nada, ni tierra ni personas, nada excepto océano. Y te sientes aislada y sola. Lo bueno es que había investigado mucho para hacerme a la idea de lo que sería volar alrededor del mundo. Y sabía al meterme en esto que iba a haber momentos de dudas o miedo. Pero es inevitable, todo el mundo tiene esos momentos cuando hace algo nuevo o por primera vez. Lo que me hace superar cada momento en el que me siento sola o cansada es la imagen de los acontecimientos ocurridos de los países que he visitado.


M.82. ¿Has tenido dudas o tentación de dar un paso atrás?


En una ocasión, después de cuatro horas de vuelo me vi yo sola, en el océano y con esas olas enormes. Intimida mucho, pero en ese momento pensé: “realmente estoy haciendo esto, un sueño que tuve siempre y que pensaba que no iba a realizar jamás”. En ese momento, lo único que quería era decirle a las chicas que hayan tenido alguna duda sobre sí mismas “creed en vosotras”. Es tan importante… Ha habido tantos momentos en los que me he dicho: no soy lo suficientemente buena, no soy lo suficientemente lista, no puedo hacer esto, ¿a quién quiero engañar? Pero en ese momento, pensé “realmente estoy haciendo esto”. Mi único deseo es que otras chicas que se encuentren en esta misma situación haciendo lo que aman, y digan “realmente lo estoy haciendo, esto está pasando de verdad”. Y se sientan más seguras de sí mismas. Ese ha sido el momento en que me he sentido más segura de mí misma, ahí, en medio del Atlántico, a ocho mil pies de altura.

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