Diario de a bordo

26/10/2017
Maestros que son alumnas
Un histórico de la instrucción nos cuenta lo que ha sido para él enseñar a pilotas.

Arturo Pujalte – Instructor de vuelo

Me piden que escriba un artículo sobre “aviadoras” de 300 palabras y no me puedo negar.

Aunque lo de escribir no es lo mío, creo que si el lector me perdona la redacción, los acentos y otros detalles ajenos al “pilotaje” podría aportar un granito de arena para engrandecer al colectivo de mujeres pilotos del que se habla poco y han aportado a la profesión un plus de virtudes de las que carecía el “oficio”.

Desde mi antigüedad (y no vejez) en la profesión, he volado multitud de veces con “pilotas” y en varias ocasiones era el único varón de toda la tripulación; he dado instrucción en helicópteros y avión a “pilotas” que a día de hoy ejercen de comandantes en líneas aéreas y comandantes de helicópteros de la policía y tráfico, en extinción de incendios. En fin, “mal maestro el que no es superado por sus alumnos” (“alumnas” quería decir).

Me creo conocedor de las grandes virtudes de las mujeres ya que tanto en el ejercicio de la profesión como en casa, (esposa, hijas, nietas…) permanecí rodeado de ellas.

Sin entrar la polémica de la igualdad, me vais a permitir que haga hincapié en la “desigualdad”. Precisamente esto, la desigualdad, hace a mi entender no sólo que las “aviadoras” lo hagan igual que los “pilotos”, sino mejor. Aportan algo que después de muchos años de accidentes, incidentes, heridos y muertos; después de muchos análisis, estudios, informes e investigaciones; al final nos damos cuenta que casi todos los accidentes son evitables, que el problema no son las máquinas sino las cabezas de los que las pilotamos. Y ahí es donde nosotros no podemos competir con ellas. Nos ganan por goleada, no se dejan llevar por la adrenalina, (iba a poner “testiculina” pero me pareció grosero) mantienen un ambiente relajado, analizan las situaciones desde puntos de vista diferentes a nosotros y a más largo plazo; aportan serenidad, tranquilidad, orden y me atrevería a decir que hasta sangre fría.

Desde a aquí un beso muy grande para mis compañeras, avioneteras como Vanessa de Velasco, Maria del Mar Alguacil, Marta Perez-Aranda… y a las helicopterístas, como Irene Rivera, Alejandra Montalt …, con las que he tenido oportunidad de volar y que aunque parecía, en muchos casos, que el maestro era yo, aprendí yo mas ellas que ellas de mi.

Por supuesto un beso muy especial para Bettina, pionera y compañera excelente que en los setenta y ochenta puso en jaque al colectivo “pilotil”, a los empresarios, a las autoridades y a la opinión pública hasta convencerlos que ser piloto es más bien cosa de ¡mujeres!

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